Señores, el retiro y la muerte son temas muy desagradables y evitados por considerarlos dolorosos y lejanos. Sin embargo, el conocimiento profundo de los años puede cambiar esa sombría perspectiva y convertirla en una meta deseable. Pensé por primera vez en mi retiro después de cumplir los 50 años. No es bueno un retiro forzoso, y esto es lo que nos pasa a la mayoría de los médicos. Algunos no nos preparamos económicamente para hacerlo y otros, que tienen un buen sustento económico que les permitiría vivir muy bien después de no ser médicos, se rehúsan. Son insaciables y se retiran forzosamente. Los retira una enfermedad o un error médico por una mala práctica, poniendo en peligro la salud de esos pacientes porque ya tienen limitaciones de sus capacidades y ya no están certificados y recertificados, ya no están aptos para ejercer. Y saben que nadie merece ese final. El otro final es la muerte.
En mi opinión, los médicos debemos tomar con mucha seriedad el momento oportuno para retirarnos, ya que, a diferencia de otras profesiones, nos comprometemos a proteger los valores más preciados del ser humano: la salud, la vida y la libertad. Tenemos que tener responsabilidad, respeto y sobre todo dignidad. Para el médico, el retiro del ejercicio profesional es tan certero como la muerte para el que nace. Cuando el médico ya va perdiendo sus facultades físicas e intelectuales, después de haber sacrificado tanto tiempo de sueño, familia y amigos durante años y que ya está poniendo en peligro su prestigio, aumentando las posibilidades de quejas, complicaciones, demandas, muertes porque ya no tiene la capacidad para ejercer, entonces no debe perder su dignidad porque está poniendo en riesgo a sus pacientes y el prestigio de la institución donde labora. En los países modernos se exige a los médicos realizarse evaluaciones periódicas para certificar y recertificar para asegurar su capacidad de ejercer satisfactoriamente su profesión y establecer normas que protejan las instituciones de salud y su prestigio, más que nada.
Creo que la decisión de retirarse de la medicina es muy personal y está basada en la autocrítica de la propia práctica profesional.


