A medida que envejecemos, la salud sexual no debe darse por sentada. Tampoco debemos dejar en manos de otra persona la decisión sobre nuestra vida sexual. Antes de elegir un tratamiento, es fundamental conocer las causas del problema y las alternativas disponibles.
Un paciente le dijo a su médico: “Doctor, me puse un implante de pene y ahora estoy peor”. El caso recuerda que un implante peneano puede ser una opción para algunos hombres con disfunción eréctil, pero no resuelve por sí solo todos los problemas sexuales.
La disfunción eréctil, la eyaculación precoz y la disminución de la libido son condiciones diferentes. Con el envejecimiento pueden aparecer cambios en el flujo sanguíneo y en los nervios, especialmente cuando existen enfermedades como la diabetes. La pérdida del deseo sexual también puede relacionarse con alteraciones hormonales, testosterona baja, problemas tiroideos, prolactina elevada, estrés, depresión u otras enfermedades.
Por eso, antes de considerar un implante u otro tratamiento, debe realizarse una evaluación integral: física, psicológica, cardiovascular y hormonal, además de una revisión minuciosa del pene y los testículos y, cuando esté indicado, estudios del flujo sanguíneo.
También es importante que el paciente conozca sus opciones y participe en la decisión. La pareja puede acompañar el proceso, ya que una dificultad para lograr una erección no significa necesariamente falta de deseo o interés.
La salud sexual merece atención profesional y decisiones informadas. Si estás atravesando una dificultad sexual, no te apresures: pregunta, infórmate y asegúrate de recibir una evaluación adecuada antes de elegir un tratamiento.


